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Terra
La Coctelera

El batido de huevos

La tristeza no lo invade todo, sólo el alma. Lo malo es que el alma se alimenta de sentimientos y de comprensiones y cuando se comprende y se siente que la vida es triste el alma se abate. Muchas veces he pensado en el espíritu como un conjunto de huevos que el hombre debe batir, hacer espesar o licuar según la situación, manejar sin que se caiga ni una sola gota, hervir, volver tortilla o dejar para más tarde fabricaer un rico pastel. El alma siempre la base de algo, de la manera de proceder y de actuar y cuando está llena de gotas de lamento de poco sirve intentar hacer espuma sobre el plato hondo movimiento vigorosamente la mano. Una vez mi madre batió tan fuerte, que rompió el plato y eso es lo que pasa con el alma que también se rompe muchas veces en pedazos que luego cuesta encajar.

Las gallinas hacen "choco-choco-choco"

A pesar de lo dura que puede llegar a ser la vida, el sentido del humor que nace con algunas personas nunca se muere. Este es el caso por ejemplo de mi abuelito Segundo, que está casado con mi abuela Segunda (lo cual no es una broma) y que siempre se ríe de todo y afronta cada situación con la mejor cara.

Hoy, en su casa, hablando de gallinas cluecas mi madre le ha preguntado que cómo se distinguen, cómo se sabe cuando necesitan incubar y él se ha puesto en posición de gallina y con sus 80 años ha insistido entre risas que una gallina clueca en lugar de hacer su caracaterísitico cocorocó hace "choco-choco-choco".

La verdad es que no estoy segura de querer llegar a vieja, pero eso sí, alcanzar su capacidad para tener ese sentido del humor sí que me gustaría y si eso me ha de llevar tantos años como para llegar a vieja, pues que así sea, porque por lo de pronto aún no me sé reír ni de mí misma.